martes, 21 de noviembre de 2006

Pocos son los turistas que se marchan del país sin una cajita de bombones o sin admirar la Grand Place. Un lugar de leyendas y cuentos. Una plaza para encontrarse y tomar una cerveza belga. Mientras los turistas buscan el hueco para hacer la foto de rigor nosotras la cruzamos decididas, hacia la Bourse. No podemos ignorar el Hotel de Ville... su asimetría le hace ser un edificio todavía más bello.

Empieza a oler a fiesta y a Navidad. Cómo no, se pueden ver los miles de aviones que atraviesan esta ciudad y de fondo, las sirenas a las que no me acabo de acostumbrar.

1 comentario:

Mirentxu dijo...

Marta, no te aventures, de momento a lo único que olemos es a la basura que se acumula en el kot desde los lunes, jeje. La Grande Place, claro que sí, paradero de ensueño en mi opinión, y más aún por la noche. Allí quedan nuestros "botellones" calurosos de julio, nuestro gofre en las escaleritas del hotel de ville (te acuerdas?), o, qué pena habérmelo perdido, cuando hiciste de alcaldelsa el día del tapiz de flores. Se lleva la palma el día soleado que la atravesamos Paula y yo con la bici, bajo la mirada de todos los turistas admirados por nuestro cosmopolitanismo, jeje.